<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="65001"%> Historias con D

Páginas de Sergio Valdivia

¡Te espero en muchas plataformas!

facebook twitter

yootube videoscorreo

blogflickr

pinterest

 

capsula

Cápsulas lingüísticas

 

Discusiones bizantinas

La palabra discusión viene del latín discussio, que propiamente significa "agitación completa, convulsión", pues procede del verbo discutire, formado por dis- y quatio, un verbo que significa "agitar, mover, empujar y golpear" (de ahí palabras como percutor o sacudir). Pero sin duda el actual sentido de "discusión" se vio influenciado por palabras parecidas, como disquisitio o disputatio, que designaban la mera discusión intelectual, no necesariamente violenta. En nuestras Escuelas son favorables las discusiones pues ayudan a ampliar la consciencia y a acercarse a una verdad más objetiva.

Pero la expresión "discusiones bizantinas" designa a todo tipo de discusiones largas que enzarzan indefinidamente a sus participantes en largas diatribas sin sentido para el común de las personas, y sin que tales discusiones puedan resolverse jamás porque versan de cosas etéreas que nadie puede probar en un sentido u en otro. Pero, ¿por qué decimos "bizantinas"?. Tiene una larga historia.

Las discusiones bizantinas eran disputas religiosas. Ya desde época de Constantino, el imperio romano oriental, en que el cristianismo era mucho más fuerte que en el occidental, Constantinopla o Bizancio, estuvo presidido por arduas y a veces violentas disputas. Los cristianos estaban divididos en numerosas sectas, cada una de las cuales difería en puntos de la creencia. Detrás de todo ello también subyacían fuertes disputas de poder, pues la iglesia de la época se dividió en patriarcados. Así como en occidente se reconocía más la autoridad del patriarca de Roma, en Oriente, distintas sedes que habían sido importantes ciudades antes que Constantinopla, se disputaban la primacía, a saber, los patriarcados de Antioquía, Alejandría, Jerusalén: normalmente cada sede se acogía a una creencia. Así unos decían que Jesucristo era Dios e hijo de Dios, otros que era un enviado de Dios, unos reconocían una tercera entidad llamada "Espíritu Santo", otros decían que Cristo tenía dos naturalezas, otros que sólo una, ya sólo divina, ya sólo humana…etc., etc. Tales disputas originaron una fuerte intervención de los emperadores para convocar Concilios, con objeto de poner acuerdo, y nada menos que en Oriente se celebraron entre el siglo IV y VIII, ocho grandes concilios con el objetivo de unificar el dogma, sin lograrlo. Los concilios duraban años y años de infinitas discusiones.

No sólo eso, tal ambiente generó su reflejo en el pueblo. En el hipódromo de Constantinopla los aurigas (cocheros) y carreras levantaban grandes pasiones. A imitación de Roma, los conductores actuaban divididos en cuatro equipos: los Verdes, los Azules, los Blancos y los Rojos. Pues bien: los monofisitas (partidarios de una naturaleza en Cristo) se afiliaban a los Verdes, los atanasianos (partidarios de una doble naturaleza) a los Azules, etc. Así hasta en el hipódromo se producían violentas disputas religioso-deportivas, que a veces incluso tenían resultados sangrientos. Se dice que las verduleras de los mercados de Bizancio se lanzaban las coles a la cabeza por interminables discusiones. Total, las coles no son tan sabrosas tampoco, ¡puaj!. Y después, hasta el S. XV, ya mucho después de la ruptura entre la Iglesia Oriental y Occidental (Cisma entre ortodoxos y católicos), los patriarcas y emperadores de Oriente seguían sumidos en interminables discusiones religiosas. Sus temas favoritos eran estos:

 

En efecto, el Concilio de Nicea, había creado por votación mayoritaria un credo (esencia de las verdades de fe) que afirmaba la existencia del "Espíritu Santo" y afirmaba que procedía del Padre (Dios) y del Hijo (Jesucristo), es decir, ex patre filioque. Esto acabó asumiéndolo la iglesia Occidental, pero la Oriental acabó rechazando que el espíritu santo procediera también del Hijo, y postulaba que era una emanación del Dios Padre. Por ese motivo el patriarca de Roma (Papa) y el de Constantinopla, se excomulgaron mutuamente y rompieron relaciones en el s. XI. Cuando en el S.XV los turcos cercaban Constantinopla, el emperador pidió ayuda militar a Occidente y nadie le ayudó por distintos intereses políticos. El papa de Roma, entonces cabeza de un estado con su ejército, le dijo que le ayudaría a condición de que aceptara el "filioque" del credo. Aquel se negó, y el Papa de Roma le negó la ayuda frente a los turcos.


Esta lucha de egos permitió que Turquía esté hoy en poder de musulmanes mayoritariamente.


¿Y quién tiene la razón finalmente, los Católicos Occidentales o los Católicos Ortodoxos? Pues, me parece que ninguno de ellos. La religión ha sido construida en base a dogmas y a intereses políticos.